El bebé recién nacido es un encantador nato que pasa prácticamente la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados. Todavía está aprendiendo a adaptarse a la vida fuera del útero, del claustro materno. Normalmente su aspecto difiere del que los padres se habían imaginado durante el embarazo. Su piel es muy fina, y brazos y piernas suelen permanecer plegados al cuerpo. Poco a poco irá madurando hasta convertirse en un bebé enérgico y fuerte.